Más allá de las fronteras, más allá de la política: movilizando el apoyo global para la acción climática.

En una época en la que los efectos del cambio climático son cada vez más visibles y alarmantes, un estudio reciente realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad de Oxford ofrece un rayo de esperanza. 

En una exhaustiva evaluación de la opinión pública mundial, el Voto Popular por el Clima ha revelado un nivel sin precedentes de apoyo global a una acción climática más enérgica. Este extenso estudio, que encuestó a más de 73 000 personas en 77 países, representando al 871 % de la población mundial, ofrece una visión integral de la opinión pública sobre el cambio climático. Los resultados son claros: una abrumadora mayoría de personas en todo el mundo exige medidas más contundentes para abordar la crisis climática.

Desglosando las cifras

La encuesta revela que el 801% de los encuestados desea que sus gobiernos tomen medidas más enérgicas contra el cambio climático, y el 72% apoya una transición rápida de los combustibles fósiles a las energías renovables. Este deseo de acción trasciende las fronteras geopolíticas, como lo demuestra el 86% de los encuestados que cree que los países deberían dejar de lado sus diferencias para colaborar en temas climáticos. 

Cabe destacar que el apoyo a medidas climáticas más contundentes está muy extendido incluso en los principales países emisores de gases de efecto invernadero. La encuesta reveló que 20 de los mayores emisores del mundo cuentan con mayorías a favor de políticas climáticas más ambiciosas, con un apoyo que oscila entre los 661 TP3T en Estados Unidos y Rusia y la impresionante cifra de 931 TP3T en Italia. El estudio también subraya que la preocupación por el clima es especialmente acuciante en los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, lo que pone de relieve el impacto desproporcionado del cambio climático en las poblaciones vulnerables. 

Estos hallazgos llegan en un momento crucial, ya que las naciones preparan su próxima ronda de compromisos de acción climática en el marco del Acuerdo de París para 2025, lo que proporciona un mandato claro para que los responsables políticos implementen políticas climáticas más ambiciosas y fomenten la cooperación internacional para abordar este desafío global.

La desconexión: por qué el apoyo público no se ha traducido en acciones.

Si bien los resultados de la encuesta son alentadores, también plantean una pregunta crucial: ¿Por qué, con un apoyo público tan sólido, no vemos acciones más decisivas contra el cambio climático? La respuesta reside en una compleja red de factores:

La influencia de las grandes empresas: Las grandes corporaciones, especialmente las del sector de los combustibles fósiles, ejercen una influencia considerable en las decisiones políticas. Sus actividades de cabildeo y su poder financiero a menudo obstaculizan políticas climáticas ambiciosas que podrían poner en peligro sus ganancias. Para superar esta situación, se requieren regulaciones estrictas y un cambio hacia inversiones verdes que, además, generen crecimiento económico.

Temores del gobierno en materia de impuestos: Los gobiernos suelen temer que la implementación de las políticas necesarias para combatir el cambio climático, como los impuestos al carbono o la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles, pueda generar rechazo público e inestabilidad económica. Sin embargo, la opinión pública, como lo demuestra la encuesta, muestra disposición a adoptar los cambios necesarios. Una comunicación clara sobre los beneficios a largo plazo y planes de transición justos puede mitigar estos temores.

Ciclos políticos a corto plazoLos políticos suelen priorizar los beneficios a corto plazo sobre la sostenibilidad a largo plazo debido a los ciclos electorales. La acción climática requiere una visión y un compromiso a largo plazo que trasciendan los mandatos políticos. Generar apoyo bipartidista e integrar la acción climática en las políticas nacionales puede garantizar la continuidad independientemente de los cambios políticos.

Superando la brecha: estrategias para convertir el apoyo en acción.

Para traducir el amplio apoyo en medidas gubernamentales concretas, necesitamos un enfoque multifacético:

  1. Impulsar los movimientos de base: Al alentar y apoyar las iniciativas climáticas locales y nacionales, podemos aprovechar la disposición a la acción demostrada en la encuesta.
  2. Mejorar la rendición de cuentas corporativa: Impulsar una mayor transparencia en las actividades de lobby empresarial e implementar regulaciones más estrictas sobre las emisiones de las grandes empresas ayudará a garantizar que sus prácticas se alineen con los objetivos climáticos mundiales.
  3. Educación y sensibilización: Seguir concienciando sobre las repercusiones inmediatas y a largo plazo del cambio climático, centrándonos en soluciones prácticas y acciones individuales, permitirá a las personas tomar decisiones informadas e impulsar el cambio desde la base.
  4. Intensificar la presión política: Aprovechar los resultados de la encuesta para ejercer presión sobre los líderes políticos y convertir la acción climática en un tema clave de las elecciones contribuirá a garantizar que las preocupaciones medioambientales sigan estando en primer plano en las agendas políticas.
  5. Fomentar la cooperación internacional: Hacer hincapié en la naturaleza global de la crisis climática y promover soluciones colaborativas transfronterizas, como destaca la encuesta, facilitará un frente unido contra este desafío común.
  6. Implementación de incentivos económicos: Promover políticas que hagan que las opciones respetuosas con el clima sean económicamente atractivas tanto para las empresas como para los particulares ayudará a alinear los intereses financieros con la sostenibilidad ambiental.

Fomentar la compasión: el cambio climático como fuerza unificadora

Los resultados de la encuesta revelan una dimensión profundamente personal de la crisis climática que refleja nuestra experiencia humana compartida. Con 561.000 personas que piensan en el cambio climático a diario o semanalmente, y 531.000 que manifiestan una mayor preocupación, observamos una comunidad global que se enfrenta a una amenaza común. El hecho de que 691.000 afirmen que el cambio climático influye en sus decisiones vitales más importantes ilustra cómo este problema ha trascendido la mera preocupación abstracta para convertirse en una fuerza tangible que moldea nuestro futuro colectivo.

Esta preocupación generalizada refleja una creciente compasión global: el reconocimiento de que los impactos del cambio climático nos afectan a todos, aunque de diferentes maneras y en distintos grados. Representa un cambio: de ver el cambio climático como una amenaza lejana e impersonal a comprenderlo como un desafío compartido que afecta nuestras vidas y comunidades.

Esta evolución de perspectiva tiene el potencial de fomentar una mayor empatía y solidaridad transfronteriza, ya que las personas ven cada vez más reflejadas sus propias preocupaciones y temores en las experiencias de otros alrededor del mundo. Al destacar nuestra interconexión y vulnerabilidad compartida, estos hallazgos sugieren que abordar el cambio climático no es solo un imperativo ambiental, sino una profunda expresión de nuestra humanidad y nuestra capacidad de cuidarnos mutuamente y del planeta que todos llamamos hogar.

Un mandato para el cambio

La Consulta Popular sobre el Clima 2024 es más que una simple encuesta; es un llamado global a la acción. Demuestra que personas de todo el mundo, independientemente del nivel de desarrollo o el sistema político de sus países, están unidas en su deseo de una acción climática más contundente. Este apoyo abrumador otorga a los líderes el mandato de actuar con audacia y decisión.

A medida que nos acercamos a la próxima ronda de compromisos de acción climática en el marco del Acuerdo de París en 2025, esta encuesta debería servir como una llamada de atención. La ciudadanía está preparada para el cambio. Es hora de que los gobiernos, las empresas y los organismos internacionales respondan a esta preparación con acciones concretas y ambiciosas. El camino a seguir es claro: debemos traducir esta compasión y preocupación global en políticas climáticas tangibles y eficaces. Nuestro futuro compartido depende de ello.