Cambio social
Por supuesto, no existe una fórmula mágica para lograr un cambio social o cultural, y gran parte de él depende de la combinación de circunstancias y suerte con estrategia y habilidad. Sin embargo, existen algunos ingredientes necesarios para que se produzca un cambio profundo y duradero en una sociedad o entre sociedades.

Un nuevo marco
Los marcos conceptuales son las suposiciones básicas que nos ayudan a comprender el mundo que nos rodea. Estos pilares fundamentales son cruciales para nuestro funcionamiento como seres humanos: existe tanta información en el mundo que debemos procesar que necesitamos atajos para comprender rápidamente lo que experimentamos. Sin embargo, esto no significa que dichas comprensiones sean siempre verdaderas o justas. Un ejemplo de marco conceptual, particularmente extendido en las sociedades occidentales, es la idea de que los humanos son egoístas. Esto nos lleva a otras formas de pensar; por ejemplo, puede influir en cómo interpretamos el comportamiento de otra persona, si donamos a organizaciones benéficas y si debemos temer o ayudar a los refugiados. El cambio social comienza cuando estas suposiciones básicas se cuestionan y redefinen; de lo contrario, gran parte de nuestro pensamiento seguirá utilizando nuestros marcos conceptuales y atajos establecidos, lo que, en última instancia, nos llevará a las mismas acciones y reacciones.
Iniciar conversaciones
Para lograrlo, se requieren conversaciones. El cambio no suele producirse de forma duradera ni significativa cuando se impone. A menudo, esto tiene el efecto contrario: provoca que las personas refuercen sus puntos de vista y valores preexistentes en un acto de rebeldía. Por eso, por ejemplo, muchas órdenes ejecutivas de presidentes estadounidenses (leyes introducidas sin el consentimiento del Congreso) son revocadas por el siguiente presidente. Para generar un cambio significativo, es necesario que las personas participen voluntariamente y de forma activa en la exploración y comprensión de nuevas ideas. Un ejemplo contundente de esto fue el movimiento ##MeToo. Este movimiento invitó a todos a hablar sobre las experiencias de acoso sexual de las mujeres y a comprender mejor su prevalencia y lo que se siente al ser víctima de él. Esto ha contribuido, al menos en cierta medida, a moldear los enfoques de todos los géneros sobre este tema.


De arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba.
Para lograr un cambio profundo y duradero, es necesario trabajar en toda la sociedad, no solo en un nivel. Esto se debe a varias razones. Primero, porque un cambio en un nivel puede potenciarse enormemente con un cambio en otro. Los políticos, por ejemplo, a menudo necesitan demostrar que cuentan con el respaldo público para introducir un cambio de política. Segundo, porque nuestras sociedades son extremadamente complejas e interconectadas. Si estuvieras construyendo una casa, contratarías a planificadores, arquitectos, fontaneros y electricistas, y planificarías su trabajo en conjunto. Lo mismo ocurre en la sociedad: necesitamos que múltiples grupos trabajen en la misma dirección o en direcciones similares. Y tercero, porque los desafíos que enfrentamos son enormes y no pueden ser abordados por individuos o pequeños grupos por sí solos. Un solo partido político no puede detener el cambio climático. Un solo grupo comunitario no puede ayudar a todos los refugiados. Necesitamos grandes soluciones impulsadas por grandes coaliciones.
Diversos enfoques
Esto también significa que se necesita una variedad de estilos y técnicas para impulsar el cambio. Lo que atrae o motiva a un público puede no ser apropiado para otro. Lo emocionante es que esto crea un espacio para que muchas más personas se unan al movimiento. Significa que el cambio cultural requiere de todo tipo de personas con diversas pasiones y formas de trabajar. Siempre que el mensaje general —el marco— se mantenga y exista un consenso sobre los valores del movimiento, diferentes personas pueden trabajar en distintos niveles.


Oportunismo
En última instancia, gran parte del trabajo de cambio social consiste en prepararse para una oportunidad. Los movimientos deben dedicar tiempo a educar, capacitar y difundir su mensaje para crear las condiciones que permitan un avance significativo cuando algún evento externo atraiga la atención pública sobre sus esfuerzos y haga que su historia resulte convincente y necesaria. Como dijo el economista Milton Friedman: ‘Solo una crisis —real o percibida— produce un cambio real. Cuando surge esa crisis, las acciones que se emprenden dependen de las ideas existentes. Esa, creo, es nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas actuales, mantenerlas vigentes y disponibles hasta que lo políticamente imposible se convierta en políticamente inevitable’.’
