Este ejercicio, realizado a través del Greater Good Science Center de Berkeley, está diseñado para ayudarte a ampliar tu sentido de identidad compartida con los demás.
Ver las similitudes nos fortalece y nos permite reconocer nuestra humanidad compartida, en lugar de marginar o deshumanizar a quienes son diferentes a nosotros o nos resultan un desafío. Puedes practicar esto cómodamente sentado en tu silla con los ojos cerrados o la mirada hacia abajo. También puedes hacerlo por escrito, con un bolígrafo o lápiz y un bloc de notas.
Primero, piensa en una persona que parezca muy diferente a ti en todos los sentidos imaginables. Puede que tenga intereses distintos, creencias religiosas o políticas diferentes, o experiencias de vida distintas. Incluso puede que hayas tenido un conflicto personal con esa persona o que forme parte de un grupo que haya estado en conflicto con el tuyo. A continuación, haz una lista de todas las cosas que probablemente tengáis en común. Quizás ambos trabajéis en la misma empresa o vayáis a la misma escuela.
Tal vez ambos tengan hijos o pareja. Probablemente ambos hayan sufrido una decepción amorosa o la pérdida de un ser querido. Ambos hayan experimentado algún tipo de sufrimiento. Y, en un sentido más amplio, ambos pertenecen a la especie humana, lo que significa que comparten el 99,91% de su ADN. Ahora, revisen esta lista de similitudes. ¿Cómo les hacen ver a esta persona?
En lugar de ver a esta persona simplemente como alguien desconocido o como un miembro de un grupo ajeno, intenta verla como un individuo. Alguien cuyos gustos y experiencias podrían coincidir con los tuyos en ciertos aspectos. Puedes repetir este ejercicio siempre que conozcas a alguien que inicialmente parezca diferente a ti, con quien hayas tenido un conflicto o que simplemente te haga sentir incómodo.
